Al principio imaginaba que «mal no le iba a hacer», pero tardé poco en darme cuenta de que mi Morita ya no era una fuente inagotable de pelos en casa. Y no sólo se le cae menos, si no que además lo tiene más fuerte y suav. Y, lo mejor, ya no le huele el aliento a pescado ni se me descompone como cuando le daba el aceite de salmón del super.